domingo, 2 de agosto de 2020

LAS ARTES DEL PODER POR EL PODER (I)

Caudalosos ríos de tinta han discurrido en la conceptualización del poder, de la política y de la guerra; y en la relación de los modos, tiempos y causas en los que ellos se conjugan en la realidad histórica. Nosotros, sobrevivientes en circunstancias aparentemente inéditas, ayunos de teoría idónea y de experiencia a propósito, debemos seguir obligadamente sumergiéndonos en esos torrentes de tinta, en pos de autores como Bobbio (1985:5), por ejemplo, quien ha dejado escrito lo que sigue:

A la pregunta de si no están cambiando «las connotaciones» y «las leyes del movimiento» de la política, siento la tentación de responder, aun cuando sólo sea como una especie de provocación: Nil sub solé novi (nada nuevo bajo el sol). Y de repetir con Maquiavelo: «Suelen decir los hombres prudentes, y no por casualidad ni inmerecidamente, que quien desee ver lo que será debe considerar lo que ha sido; porque todas las cosas del mundo en todos los tiempos tienen su propio cotejo con los tiempos antiguos. Y eso nace de que al ser todas esas cosas hechas por los hombres, que tienen y tuvieron siempre las mismas pasiones, es del todo evidente que surtan el mismo efecto>>”.

Probablemente las circunstancias subjetivas de hoy, bajo el supuesto de que no haya cambiado sustancialmente la naturaleza del "Homo homini lupus" (“el hombre es el lobo del hombre”), sigan siendo muy semejantes a las que conoció Maquiavelo en el tránsito entre los siglos XV y XVI y aun vivamos en una guerra de todos contra todos; pero en cuanto a las circunstancias de hoy tiene sentido resistirnos a aceptar mansamente la inmutabilidad objetiva de los ámbitos jurídico, político y sociológico. Está claro que El Príncipe y El Arte de la Guerra constituyen una formulación teórica prescriptiva de la conducta ideal para la conquista, ejercicio y conservación del poder, propuesta por Maquiavelo a quienes tuvieran entonces la ambición de crear y encabezar un nuevo estado, capaz de unificar políticamente a toda la península italiana de su época. Él no describe, sino que prescribe una realidad subjetiva ideal, entonces inexistente, formulada para actuar sobre la realidad objetiva de entonces; realidad objetiva que hoy ya no existe en Italia ni en ningún otro lugar conocido. En consecuencia, la personalidad de poder prescrita por Maquiavelo debe ser hoy dia obligatoriamente un anacronismo; pero es un anacronismo personificado en nuestro presente en un territorio y en una población inexplicablemente dedicado al retroceso histórico. Pero no es entender a Maquiavelo lo que nos interesa (sino a esa personificación anacrónica que hoy nos paraliza) y estos encuentros para referirnos a nuestra maquiavelina involución deben por necesidad ser breves y limitarse a fugaces referencias que nos motiven a la reflexión. Dos citas adicionales son sugeridas para ampliar la mirada.

Dice Deutsch citado por Bouza-Brey (Revista de Estudios Políticos Num. 73. 1991:121):

“…el poder se puede concebir como el instrumento por el cual se obtienen todos los demás valores, de la misma manera en que una red se emplea para atrapar peces. Para muchas personas, el poder es también un valor en sí mismo; en realidad, para algunos es, a menudo, el premio principal. Dado que el poder funciona a la vez como un medio y un fin, como red y como pez, constituye un valor clave en la política”.

E insisto con Bobbio (1985:6):

Según la lección de los clásicos, que se suele hacer empezar por comodidad en Maquiavelo únicamente porque el pensamiento de Maquiavelo acompaña la formación del estado moderno… la política es la esfera donde se desarrollan las relaciones de dominio, entendido dicho dominio en su expresión más intensa, como el poder que puede recurrir, para alcanzar sus propios fines, en última instancia, o extrema ratio, a la fuerza física. Dicho de otra forma, el uso de la fuerza física, aun en última instancia, aun como extrema ratio, es el carácter específico del poder político…

… La expresión «monopolio de la fuerza», que se deriva de una evidente y correcta analogía entre la eliminación del libre mercado y la eliminación de la libre guerra…”