…De Política.
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REVOCATORIA POR
INGRATITUD:
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En mi muy revolucionario terruño
no hemos dejado de analizar la última jugada de la ultra derecha
continental, la más rancia de la historia, la más apátrida y pitiyanqui.
¿Cómo podríamos dar crédito a
unos resultados emitidos a la ligera, sin un concienzudo
análisis, sin la debida ponderación de las tendencias y de las reversibilidades
de la matemática electoral más moderna?
Eso no pasaría aquí. Nuestras
autoridades electorales harían su trabajo reposadamente, sin
aceptar presiones ni sicoseos de los desestabilizadores de siempre; esperarían una prudente hora de la madrugada para emitir un primer boletín destacando la insobornable capacidad de nuestro sistema automatizado,
el más adelantado y seguro del mundo.
Luego dejarían transcurrir otras
muy razonables 40 horas para un segundo boletín, sin
azoramientos ni precipitaciones, para estimar el momento futuro en el que ya la
tendencia predominante será irreversible.
Finalmente el miércoles a media
noche, ya verificada y garantizada la más absoluta
gobernabilidad, se pronunciará un meditado discurso de cuatro horas; pedagógico recuento histórico de los veintitantos
procesos electorales realizados por el órgano electoral más apegado a la
voluntad del pueblo pacífico pero armado; antes de felicitar a este
revolucionario pueblo por su ejemplar conducta ciudadana, al acudir a las urnas
sin incidentes y sin dejarse manipular por la ultra derecha continental, la más
bla bla bla pitiyanqui.
Lo ocurrido ayer en nuestra
hermana república fue una demostración de cuánta razón tuvo el padrecito
Stalin, el más notable y pionero fundador de la escuela filosófica electoral de
la que forman parte destacados humanistas como Bashar Hafez al-Assad, Muamar Muhamad Abu-minyar el
Gadafi, Kim Jong-un y nuestro amado Fidel; líderes que sacrificaron sus
vidas particulares en aras de la felicidad de sus pueblos.
Lo ocurrido ayer en
nuestra amada hermana república prueba una vez más lo acertados que hemos
estado al procurarnos el sistema de escrutinio automatizado más
perfecto, para que no ocurra lo visionariamente sentenciado por el padrecito de nuestros hermanos soviéticos.
¿Cómo dar fe a los
resultados de un proceso que se concibió, se organizó y se ejecutó en apenas un
poco más de treinta días?
¿Las autoridades
electorales de nuestra hermana república realizaron el indispensable trabajo de
verificar con exactitud la identidad de cada uno de los votantes que acudieron
a las urnas? ¿Verificaron acaso que los muertos no defraudaran la fe pública
ejerciendo un derecho que perdieron al morir? ¿Se cercioraron de que la huella
digital puesta por cada votante en los cuadernos electorales fuera
verdaderamente la suya?
Y finalmente, ¿cómo
dar fe a unos escrutinios realizados casi instantáneamente al finalizar la
votación; cosa que la electrónica no puede realizar en menos de tres días?
Algo huele feo en
nuestra amada república hermana. O es que la ultra derecha bla bla
bla se ha infiltrado en la institución electoral; o nuestro hermano
pueblo olvidó la mermelada que ha endulzado su paladar en los últimos
tiempos; y el voto de ayer fue, peor que un voto de rechazo, un voto de
ingratitud.
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