lunes, 3 de octubre de 2016

…De Política.

REVOCATORIA POR INGRATITUD:
En mi muy revolucionario terruño no hemos dejado de analizar la última jugada de la ultra derecha continental, la más rancia de la historia, la más apátrida y pitiyanqui.
¿Cómo podríamos dar crédito a unos resultados emitidos a la ligera, sin un concienzudo análisis, sin la debida ponderación de las tendencias y de las reversibilidades de la matemática electoral más moderna?
Eso no pasaría aquí. Nuestras autoridades electorales harían su trabajo reposadamente, sin aceptar presiones ni sicoseos de los desestabilizadores de siempre; esperarían una prudente hora de la madrugada para emitir un primer boletín destacando la insobornable capacidad de nuestro sistema automatizado, el más adelantado y seguro del mundo.
Luego dejarían transcurrir otras muy razonables 40 horas para un segundo boletín, sin azoramientos ni precipitaciones, para estimar el momento futuro en el que ya la tendencia predominante será irreversible.
Finalmente el miércoles a media noche, ya verificada y garantizada la más absoluta gobernabilidad, se pronunciará un meditado discurso de cuatro horas; pedagógico recuento histórico de los veintitantos procesos electorales realizados por el órgano electoral más apegado a la voluntad del pueblo pacífico pero armado; antes de felicitar a este revolucionario pueblo por su ejemplar conducta ciudadana, al acudir a las urnas sin incidentes y sin dejarse manipular por la ultra derecha continental, la más bla bla bla pitiyanqui.
Lo ocurrido ayer en nuestra hermana república fue una demostración de cuánta razón tuvo el padrecito Stalin, el más notable y pionero fundador de la escuela filosófica electoral de la que forman parte destacados humanistas como Bashar Hafez al-Assad, Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi, Kim Jong-un y nuestro amado Fidel; líderes que sacrificaron sus vidas particulares en aras de la felicidad de sus pueblos.
Lo ocurrido ayer en nuestra amada hermana república prueba una vez más lo acertados que hemos estado al procurarnos el sistema de escrutinio automatizado más perfecto, para que no ocurra lo visionariamente sentenciado por el padrecito de nuestros hermanos soviéticos.
¿Cómo dar fe a los resultados de un proceso que se concibió, se organizó y se ejecutó en apenas un poco más de treinta días?
¿Las autoridades electorales de nuestra hermana república realizaron el indispensable trabajo de verificar con exactitud la identidad de cada uno de los votantes que acudieron a las urnas? ¿Verificaron acaso que los muertos no defraudaran la fe pública ejerciendo un derecho que perdieron al morir? ¿Se cercioraron de que la huella digital puesta por cada votante en los cuadernos electorales fuera verdaderamente la suya?
Y finalmente, ¿cómo dar fe a unos escrutinios realizados casi instantáneamente al finalizar la votación; cosa que la electrónica no puede realizar en menos de tres días?

Algo huele feo en nuestra amada república hermana. O es que la ultra derecha bla bla bla se ha infiltrado en la institución electoral; o nuestro hermano pueblo olvidó la mermelada que ha endulzado su paladar en los últimos tiempos; y el voto de ayer fue, peor que un voto de rechazo, un voto de ingratitud.


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