…De Pandemia.
EL
ARTE DE LA GUERRA O EL ARTE DE LA PAZ
(V)
¿Qué
se aconseja hacer a un aprovechado seguidor de Maquiavelo, que por ser un
pícaro con suerte obtiene el poder con el apoyo de los notables en una
república democrática (lo que el clásico maestro denominó un principado civil)?
En
un (al menos formalmente) estado de derecho (o república democrática, como lo
habría llamado Maquiavelo) en el que los notables en consecutivas ocasiones
(primero en 1989 y reiteradamente en 1992) habían constatado su incapacidad
para contener al pueblo (y para restablecer el contacto que habían perdido
con el mismo), tales notables (confirmando la lógica de Maquiavelo)
convinieron en otorgar sus favores a un hombre de ese pueblo con el que ya no
podían reconectarse, creyendo que este favorecido podía ser manipulado
provechosamente. Erraron la apuesta. El pícaro con suerte ya sabía que en
adelante debía (para gobernar) procurarse el favor del pueblo, tarea que ya
estaba muy adelantada puesto que su ascenso había sido con el multitudinario
favor de pueblo y notables.
El
nuevo amo del poder conjugaba en su praxis las condiciones y requisitos
formulados por EL PRÍNCIPE para dos
situaciones diferentes, aunque no excluyentes. A la fecha en nuestro fallido
estado no es difícil comprender que la fuerza dominante (estando en posesión
de todo el poder como un régimen de facto, ya sin guardar ninguna apariencia
de derecho y habiendo prescindido de toda legitimidad democrática) es un
poder subyugado política e ideológicamente por un poder externo. Es una
situación no solo reconocida sino también absurdamente proclamada por sus
propios personeros. A la fecha los actores del poder nacional en este fallido
estado constituyen la oligarquía interna aconsejada por Maquiavelo (El
Príncipe, capítulo V) al servicio de un soberano externo.
Por
último el capítulo XVIII de la obra cumbre de Maquiavelo (cuyo subtítulo, “De qué modo deben los príncipes mantener su palabra”, ya nos prefigura su
contenido) prescribe un
sucinto cuadro de antivirtudes que debe reunir el gobernante cuyo deseo sea
perpetuarse en el poder; antivirtudes entre las que resalta el no tener
obligación de “mantener su palabra”.
“Todo
el mundo comprende —dice Maquiavelo —que es justo permanecer fiel a la palabra
empeñada; sin embargo, la experiencia ha demostrado en nuestra propia época
que los príncipes que han logrado grandes cosas son los que han tenido en
poca estima la buena fe y los que han sabido deslumbrar la inteligencia de
los hombres por medio de la astucia, y al fin han logrado más éxitos que
aquellos cuyos actos se han inspirado en el sentimiento del honor.”
Pero
¿porqué tanto Maquiavelo después de 500 años, de tantos cambios en el
concepto y funcionamiento del estado? Precisamente allí reside el más grave
problema de nuestro fallido estado; como es el estar en manos de sujetos adoctrinados
en teorías y prácticas políticas anacrónicas. La reflexión no puede
permitirse el olvido de este problemático aspecto.
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domingo, 5 de julio de 2020
EL ARTE DE LA GUERRA O EL ARTE DE LA PAZ (V)
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