viernes, 26 de junio de 2020

EL ARTE DE LA GUERRA O EL ARTE DE LA PAZ (IV)

…De Pandemia.

EL ARTE DE LA GUERRA O EL ARTE DE LA PAZ (IV)
La más elemental división de la sociedad en clases ha sido hecha por Maquiavelo al señalar al pueblo y a los notables como sujetos políticos básicos, a quienes el aspirante al poder debe considerar para realizar sus cálculos políticos. Se da por supuesto que estas dos clases viven en un permanente e inevitable conflicto de dominación; y es en la gestión de ese conflicto en la que debe basarse la conquista y conservación del poder.
¿Qué se aconseja hacer a un aprovechado seguidor de Maquiavelo, que por ser un pícaro con suerte obtiene el poder con el apoyo de los notables en una república democrática (lo que el clásico maestro denominó un principado civil)?
En un (al menos formalmente) estado de derecho (o república democrática, como lo habría llamado Maquiavelo) en el que los notables en consecutivas ocasiones (primero en 1989 y reiteradamente en 1992) habían constatado la imposibilidad para contener al pueblo (y su incapacidad para restablecer el contacto que habían perdido con el mismo), tales notables (confirmando la lógica de Maquiavelo) comenzaron a otorgar sus favores a un hombre de ese pueblo con el que ya no podían reconectarse, creyendo que este favorecido podía ser manipulado provechosamente. Erraron la apuesta. El pícaro con suerte ya sabía que en adelante debía (para gobernar) procurarse el favor del pueblo, tarea que ya estaba hecha puesto que su ascenso había sido con el multitudinario favor de pueblo y notables. Una serie de complejas jugadas mediante las que básicamente manipulaba los conflictos entre las clases y los conflictos internos en cada una de ellas, despejaron el camino para un largo y extendido beneplácito de la más reciente encarnación de un príncipe maquiavelino. Los notables quedaron, en breve plazo, desestructurados como clase política.
En cuanto al pueblo también en breve plazo quedó sujeto a una creciente dependencia del favor alimentario del empoderado pícaro con suerte, quien habiendo tomado posesión de todos los hilos institucionales y financieros del poder, rápidamente lo despojó de toda soberanía. La soberanía, establecida en la constitución en cabeza del pueblo, se desplazó por completo en cabeza del príncipe. Un pueblo y unos notables que han sido derrotados por una astucia afortunada, por las artes de la guerra y de la política hábilmente combinadas: el Arte del Poder. Guerra y Política actuando en conjunción; no sucediéndose una a la otra, sino complementándose magistralmente. Nada nuevo. Todo ya estaba escrito hace 500 años.

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