sábado, 1 de octubre de 2016

…De Política.

MIRANDO EL RETROVISOR:
Digo que la gente en Venezuela no está manejando apropiadamente. Lo digo figurativamente pensando en que muy temprano en la mañana de hoy, en la cola de pago del supermercado, tuve que escuchar una conversadera que se ha vuelto viral, como se dice ahora de un tema que todo el mundo repite: los elevados precios de los productos de la canasta familiar. La expresión más repetida era: ¡Demasiado caro!
En contraste y por esa manía ingobernable de hurgar en la hierba, mi pensamiento voló en el tiempo y se regodeó en aquellos años del siglo XX cuando la expresión “¡Tá’barato!” era la clave identificadora de nuestra nacionalidad. En ruta hacia Caracas yo embarcaba en Cartagena de Indias o en Barranquilla en un avión que venía de San José y de Ciudad de Panamá, repleto de paisanos en short y camiseta; cada uno un vaso de güisqui, un gin tonic o un comando de nintendo en las manos, según la edad y el sexo; y las bocas florecientes de palabrotas derrochadoras de alegría y despreocupación. Todo parecía demasiado barato y todos queríamos aprovechar la eterna ganga, sin regateos ni pichirreces.
Claro que fui demasiado lejos, pero fue inevitable al escuchar las conversaciones evocando lo bien que vivíamos. La voz más ocurrente se permitió decir alto y claro que en los últimos diecisiete años el régimen había sido tan bueno, pero tan rematadamente bueno, que nos había disipado a todos toda duda de que con los adecos se vivía mejor.
Capté lo que por mucho tiempo había estado viendo sin mirarlo: todos parecemos estar dirigiéndonos hacia el pasado, buscando en el retrovisor los destinos que se perdieron en el ensueño de una renta repentina que se deslavó sobre nosotros; ignorando cómo nos hicimos actores de una puesta en escena, no tragicómica, sino comitrágica, porque lo que comenzó en comedia terminó trágicamente.
En realidad nadie se queja de la cola; porque fuimos felices en las colas para abordar el avión o el ferry, o en las colas de la autopista hacia el litoral. Y a esas colas, a ese pasado parecemos querer volver.

Y mientras más se alarga la cola esperando el turno para comprar los dos kilogramos de harina, más nos convencemos de que todo tiempo pasado fue mejor. El futuro no tiene significado en la estructura de nuestro pensamiento. No nos interesa. Solo queremos que alguien venga y nos regale otro pasado como el que ya tuvimos.



1 comentario:

  1. Su estilo como blogger me parece excelente y la historia sumamente importante en estos tiempos de barbarie...felicitaciones!!!!

    ResponderEliminar