…De Política.
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DE ÉTICA Y DE POLÍTICA.
DE LEY Y DE JUSTICIA.
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Mediáticamente enterado del
Acuerdo de Paz y de otras yerbas, tal como el libro de un heredero del Cartel
de Cali; y haciendo memoria de otras guerras, otras pacificaciones, amnistías y
comisiones de la verdad; caigo en la cuenta del bazar persa en el que se ha
convertido el fichero que pasé los últimos sesenta años ordenando en mi
intelecto. No ha sido solo una aglomeración de notas, apuntes, fichas
bibliográficas y referencias cruzadas; también he querido agregarle todo el
valor que una mente abierta puede agregar. Todo eso se ha derrumbado y ahora
trato de levantarlo de nuevo.
¿De manera entonces que el mocho
Lino, mariquito del vecindario que se hacía llamar Linorka, no estuvo haciendo
nada malo en todos esos años de adolescencia drogadicta, de amaneceres en las
cunetas de la inconciencia corruptora de menores? ¿De modo y manera que los
peligros que aterrorizaban a mi padre eran infundados? ¿Eran una mera manía
persecutoria? ¿Inmotivada paranoia de gente que no estaba en nada? Así resulta
hoy, visto que los maricos pueden casarse entre ellos y que lo hacen ante las
cámaras de la tv y con la bendición obligada de jueces y jefes civiles. Siempre
ha sido exigida la tolerancia como requisito de civilidad, pero cuando yo era
niño era malo si tolerabas a los homosexuales; ahora lo malo es que no los
toleres.
Fumar marihuana era la ruta
directa a la exclusión social. Ahora nace una floreciente industria
marihuanera.
Una sospecha de ser atracador de
bancos, secuestrador, extorsionador, traficante de drogas o guerrillero, era
elemento de convicción suficiente para el presidio. Ahora todo eso se convertirá
en mérito innegable para una curul en el palacio donde se hacen las leyes y
para un turno seguro en la silla presidencial.
Ahora comprendo que vivir y dejar
vivir fue una trágica equivocación. Lo correcto era matar y no dejarse matar;
aguantar hasta el primer cuarto del tercer milenio, cuando todo comenzaría a
ser como nunca había sido.
Tendremos que recuperar el tiempo
perdido, echar al fuego nuestro inútil currículum vitae y comenzar, aunque sea
ya en la tercera edad, a construir nuestro prontuario policial; para conquistar
la inclusión social que no pudimos encontrar en los libros de estudio ni en las
herramientas de trabajo. Ocultarnos en la inimputabilidad por senilidad, antes
de que los triunfos de los que hemos estado tan orgullosos comiencen a ser
penalizados.
Lo lamento por los testaferros,
profesión que morirá de mengua cuando la corrupción administrativa sea incluida
en la Constitución como el único requisito para aspirar a la presidencia de la
República.
¡RIP!

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