viernes, 30 de septiembre de 2016

…De Política.

DE ÉTICA Y DE POLÍTICA.
DE LEY Y DE JUSTICIA.
Mediáticamente enterado del Acuerdo de Paz y de otras yerbas, tal como el libro de un heredero del Cartel de Cali; y haciendo memoria de otras guerras, otras pacificaciones, amnistías y comisiones de la verdad; caigo en la cuenta del bazar persa en el que se ha convertido el fichero que pasé los últimos sesenta años ordenando en mi intelecto. No ha sido solo una aglomeración de notas, apuntes, fichas bibliográficas y referencias cruzadas; también he querido agregarle todo el valor que una mente abierta puede agregar. Todo eso se ha derrumbado y ahora trato de levantarlo de nuevo.



¿De manera entonces que el mocho Lino, mariquito del vecindario que se hacía llamar Linorka, no estuvo haciendo nada malo en todos esos años de adolescencia drogadicta, de amaneceres en las cunetas de la inconciencia corruptora de menores? ¿De modo y manera que los peligros que aterrorizaban a mi padre eran infundados? ¿Eran una mera manía persecutoria? ¿Inmotivada paranoia de gente que no estaba en nada? Así resulta hoy, visto que los maricos pueden casarse entre ellos y que lo hacen ante las cámaras de la tv y con la bendición obligada de jueces y jefes civiles. Siempre ha sido exigida la tolerancia como requisito de civilidad, pero cuando yo era niño era malo si tolerabas a los homosexuales; ahora lo malo es que no los toleres.
Fumar marihuana era la ruta directa a la exclusión social. Ahora nace una floreciente industria marihuanera.
Una sospecha de ser atracador de bancos, secuestrador, extorsionador, traficante de drogas o guerrillero, era elemento de convicción suficiente para el presidio. Ahora todo eso se convertirá en mérito innegable para una curul en el palacio donde se hacen las leyes y para un turno seguro en la silla presidencial.
Ahora comprendo que vivir y dejar vivir fue una trágica equivocación. Lo correcto era matar y no dejarse matar; aguantar hasta el primer cuarto del tercer milenio, cuando todo comenzaría a ser como nunca había sido.
Tendremos que recuperar el tiempo perdido, echar al fuego nuestro inútil currículum vitae y comenzar, aunque sea ya en la tercera edad, a construir nuestro prontuario policial; para conquistar la inclusión social que no pudimos encontrar en los libros de estudio ni en las herramientas de trabajo. Ocultarnos en la inimputabilidad por senilidad, antes de que los triunfos de los que hemos estado tan orgullosos comiencen a ser penalizados.
Lo lamento por los testaferros, profesión que morirá de mengua cuando la corrupción administrativa sea incluida en la Constitución como el único requisito para aspirar a la presidencia de la República.

¡RIP!

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