sábado, 23 de mayo de 2020

…De Pandemia. DE SOBERANÍA Y NO INJERENCIA Y DE LA GUERRA EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

DE SOBERANÍA Y NO INJERENCIA  Y DE LA GUERRA 

EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

En las páginas 34 al 38 del Tomo XXIV del ARCHIVO DEL GENERAL MIRANDA (Ed. LEX, La Habana. 1950) puede hallarse una correspondencia fechada en Caracas el 12 de junio de 1812, firmada por el Lic. Miguel José Sanz en funciones de secretario de Estado del Gobierno de Venezuela, dirigida al Generalísimo Francisco de Miranda, de la que podemos valorar los siguientes fragmentos:
En una de mis cartas anteriores dije a Ud. que procurase instruirse de la correspondencia reservada que como secretario de Estado llevé con Orea, nuestro agente en los Estados Unidos. Allí verá Ud. que previendo yo el apuro en que debíamos ponernos, intenté entablar una comunicación con las potencias de Europa, y en especial con la Francia y con la Rusia, reducida a que reconociendo nuestra independencia, nos franquease la primera dos o tres millares de pesos fuertes y armas, pagadero todo con los derechos que devengase un comercio que haríamos, o permitiríamos a los franceses en nuestros puertos, proporcionándoles ventajas sobre el comercio de otras naciones, por el tiempo que durase la paga de nuestra deuda; siendo condición que debería hacerse este comercio en buques mercantes de cierto número de toneladas para evitar que entrasen (buques) de guerra que pudiesen causar temor en nuestros puertos…
En cuanto a la Rusia se le ofrecía la isla de Orchila para sus factorías, y aunque nada supe de esta negociación, cierto es que anhelando esta potencia un comercio en la América, abrazaría muy gustosa la proposición, y nosotros por este medio empujaríamos y llevaríamos a un grado el más ventajoso nuestra agricultura, y aquellas potencias por su propio interés, protegerían nuestra independencia, porque sin ella estarían, como han estado hasta ahora, privadas de nuestra comunicación.
La historia que nos enseñan en la escuela venezolana no refiere detalles del proceso político formador de nuestra soberanía; y para formarnos idea de ellos debemos ir a otras fuentes. Así podemos enterarnos de que 1812 fue el año en que se abrieron las hostilidades entre Estados Unidos y Gran Bretaña en la guerra que se extendió hasta 1814; el gobierno estadounidense estaba muy atareado en lograr la lealtad de algunos estados de la Unión que se resistían a combatir contra su ex metrópolis. Francia se empeñaba en tragarse al mundo entero; el continente europeo se encontraba en el clímax de la expansión napoleónica, que casi el mismo dia en que el Lic. Sanz escribía su carta, ya avanzaba sobre Rusia; y Rusia se ocupaba en contener a las tropas napoleónicas invasoras, mediante la impopular política de tierra arrasada, en repliegue desde la frontera polaca; lo que ocupando toda la atención del Zar Alejandro I, lo obligó a reemplazar en plena campaña al comandante en jefe de sus fuerzas. La situación geopolítica mundial era todo menos propicia para que el gobierno venezolano pudiera obtener el auxilio de las potencias del momento; y encontrándose Napoleón en el inicio de su decadencia, la Corona Española apresuradamente se levantaba de la postración a la que el Corso la había sometido desde 1808. Así que si la intervención foránea o injerencia de otros países en nuestros asuntos no se produjo en aquel entonces, no fue porque esa no hubiera sido gestionada por el liderazgo del momento, o porque no se le hubiera considerado necesaria y conveniente; sino porque el contexto internacional no fue oportuno; y sin importar hasta donde pudo llegar la procura de tal intervención, tal ocurrió no en violación del principio de soberanía, sino en ejercicio pleno del mismo.
1812 quedó esculpido tristemente en la historia de la primera república venezolana; en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Gran Bretaña y en las biografías de Francisco de Miranda y Napoleón Bonaparte; pero no así en la historia de la geopolítica europea, en la del Imperio Ruso y en la biografía del general Karl Von Clausewitz, para quienes tal año fue el inicio de un período particularmente auspicioso.
Las victorias napoleónicas en las batallas de Auerstädt y Jena el 14 de octubre de 1806, en la que participó Clausewitz como ayudante de campo del príncipe Augusto de Prusia (DE LA GUERRA. Librodot 2002), desintegraron al ejército prusiano; el príncipe murió días después en consecuencia de las heridas recibidas en combate y Clausewitz cayó  entre los 25.000 prisioneros hechos por Napoleón en esa fecha. Federico Guillermo III, viéndose obligado a someterse bajo la presión de Napoleón, en 1809 se convirtió en títere aliado del emperador francés; con lo que recibió de vuelta el control de su ejército; y Clausewitz y otros prisioneros recuperaron la libertad y volvieron al servicio activo.
Pero Clausewitz y otras brillantes mentes militares prusianas, comprendiendo que la posición oficial de su gobierno en apoyo de Francia (que preparaba la invasión de Rusia) era producto de su subyugamiento como estado satélite, percibieron que la única potencia capaz de detener a Napoleón y sus estados títeres sería la misma Rusia; entonces obtuvieron la baja del ejército prusiano y clandestinamente se trasladaron a Rusia, para ingresar en el ejército del Zar Alejandro I, donde fueron incorporados a la llamada Legión Alemana; con el objeto de obtener la intervención rusa en el restablecimiento de la soberanía prusiana.
¿Acaso fue traidor Clausewitz por su defección e incorporarse al ejército de la potencia que entonces adversaba a su país; y haber procurado la intervención de aquella potencia para liberar a su patria del sojuzgamiento francés? ¿Acaso era Prusia soberana bajo el tutelaje de Napoleón?
Lamentablemente eran los tiempos del cólera y aun no existía un gobierno mundial que decretara pandemias y los mandara a todos a la cama; y en 1831, a la edad de 51 años, cayó Clausewitz víctima de aquel mal, contraído poco antes en Polonia. Gracias a su diligente viuda, sus obras fueron editadas póstumamente para quedar en espera de la era cibernética, y pudiéramos ahora tener el gusto de hablar y escribir a placer de la guerra, de su arte y de su ciencia.

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