domingo, 31 de mayo de 2020


…De Pandemia
SOBRE EL ARTE DE LA GUERRA Y EL SENTIDO COMÚN
EN TODO TIEMPO
Conciliar las ideas de los numerosos teóricos de la guerra e integrarlas en un pensamiento general puede constituir un desafío mayúsculo cuando el objeto central de la teoría rebasa el arte meramente militar. Si la perspectiva es política se acentúa la complejidad del problema en sus factores esenciales postulados en De la Guerra por Clausewitz (2002:5-21), en nada diferentes de lo que tres siglos antes pensara Maquiavelo:
Ø  el factor pasional,
Ø  el factor aleatorio y
Ø  el factor racional.
La denominación de la guerra como un arte se conforma a la perspectiva meramente militar, en la que el factor mayor es el aleatorio y el sujeto activo descollante es el general en jefe; mientras que la perspectiva política eleva de categoría a la guerra como objeto de una conjunción de habilidades y conocimientos (ciencia política, matemáticas, economía, sociología, sicología, historia, derecho, etc.) que pueden abarcarse como la Teoría de la Guerra, en la que el factor mayor es el racional  y el sujeto activo descollante es el estadista.
El factor pasional, cuyo sujeto descollante es el combatiente, también varía según la perspectiva desde la que se decide la guerra. Si la perspectiva es meramente militar el general en jefe puede determinar el empleo de cualquiera de los tres tipos de combatiente señalados por Maquiavelo (Fuerzas Propias; Fuerzas Auxiliares o Fuerzas Mercenarias; o sus posibles combinaciones), según su disponibilidad; pero si la perspectiva es enteramente política el estadista debe imponerle a su general en jefe el empleo de solo los tipos de fuerzas idóneos para el objetivo político.
Lo anterior encuentra explicaciones muy comprensibles en los caracteres idiosincráticos de los distintos tipos humanos que pueden intervenir como combatientes y en las motivaciones emocionales que impulsan a cada carácter hacia el combate. Emociones como la enemistad o el odio, el resentimiento y la envidia o la ambición, que tienen el poder de desatar la violencia entre los humanos, determinan la voluntad, el vigor y la moral combativa. Los contextos históricos en los que vivieron Maquiavelo y Clausewitz fueron escenarios de radicales transformaciones científicas y tecnológicas en Europa, con efectos inmediatos en la economía, en los paradigmas organizativos de la sociedad y en las relaciones internas y externas de los distintos grupos humanos que circundaban la cuenca del Mediterráneo y sus vecindades culturales. El modelo político que luego de la desmembración sobrevenida a la caída de Roma había tomado lugar, en cabeza de una aristocracia poblada de infinidad de señores feudales, evolucionando desde distintos tipos de señoríos a principados y reinos, era el que hacía la guerra conocida por Maquiavelo; y era el mismo modelo que ya comenzaba a hacer agua a finales del siglo XVIII, en vida de Clausewitz, quien fue testigo de la derrota del absolutismo en Francia y del nacimiento del nuevo modelo político, establecido ya en España, Francia e Inglaterra. Con el estado-nación se hizo realidad la noción del pueblo en armas, ejércitos formados por ciudadanos de la reciente república francesa, automotivados por el patriótico afán de salir a destronar a la nobleza en el resto de Europa; y por los súbditos de la monarquía constitucional inglesa, empeñados en desplazar a España y Portugal del dominio hegemónico de los mares; con lo que el factor emocional de la guerra experimentaba una transformación gigantesca que le proporcionaba a Napoleón una larga ventaja sobre sus adversarios continentales, que seguían todavía empleando ejércitos constituidos mayoritariamente por siervos de la aristocracia feudal y por mercenarios.
Es largamente sabido que solo la motivación religiosa, ideológica o patriótica, impulsan al soldado a encarar con indiferencia al peligro y a realizar todo el esfuerzo físico que el combate le exija para imponer su bandera. Estas virtudes las observó Clausewitz en las tropas de Napoleón que pulverizaron al ejército prusiano en 1806; y fueron las mismas virtudes que observó en el pueblo español que resistió a Napoleón contra la usurpación de Pepe Botellas. Estas virtudes no las posee el soldado extranjero que lucha por una bandera ajena; y mucho menos el soldado mercenario. Dice en el capítulo XII de El Príncipe, editado en 2011 por editorial Gredos, con estudio introductorio de Juan Manuel Forte Monge: “La experiencia nos muestra a príncipes solos y a repúblicas armadas llevar a cabo acciones notabilísimas y a las tropas mercenarias nunca hacer otra cosa sino daño; y que más difícilmente cae una república armada con sus propias armas bajo el dominio de uno de sus ciudadanos, que otra armada con tropas ajenas.” (Maquiavelo. 2011:41).
Se dice que tras su derrota en Waterloo, se encontró al pie de la carroza de Napoleón un ejemplar de El Príncipe, glosado con notas y máximas de su propia cosecha que sirvieron de sustancia para el libro Máximas de Guerra de Napoleón; luego traducidas y comentadas por el general José Antonio Páez en Nueva York en 1865; y editadas en Caracas por la Presidencia de la República en 2005; en las que Bonaparte afirma lo siguiente:
Debe llevarse muy en cuenta si el soldado tiene conciencia de la justicia de la causa que defiende. Ello puede hacer de cada hombre un héroe.
Cuando combaten dos naciones que se tienen odio inveterado, mucho hay que esperar del espíritu de los combatientes que estarán siempre dispuestos, los unos a vengar antiguos desastres los otros a mostrarse dignos de la gloria que les legaron sus antepasados. La unión, sobre todo, hace invencibles a los pueblos.” (Páez. 2005:164).
No casualmente fue invencible Napoleón en todas sus campañas contra ejércitos formados por mercenarios y condottieri; ni casual fue tampoco el cambio de su suerte cuando a la resistencia armada del pueblo español se sumó la voluntad de victoria de los ejércitos ingleses; todos como ya hemos dicho, impulsados por la justicia de su causa y por el odio contra la Francia agresora. Cinco coaliciones en contra del emperador habían sido ineficaces; solo la sexta logró imponerse, gracias al empuje de la más encendida pasión bélica que ponía en ebullición la sangre de los soldados del estado nación líder de la coalición.
¿Puede vencer un adversario carente de fuerzas propias?
¿Puede con éxito tomar las armas un pueblo sin voluntad de lucha, sin conciencia de la justicia y legitimidad de su causa?
¿Puede esa voluntad de lucha ser provista por una fuerza mercenaria o por las fuerzas de una potencia amiga?

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