…De Pandemia
SOBRE
EL ARTE DE LA GUERRA Y EL SENTIDO COMÚN
EN
TODO TIEMPO
Conciliar
las ideas de los numerosos teóricos de la guerra e integrarlas en un
pensamiento general puede constituir un desafío mayúsculo cuando el objeto
central de la teoría rebasa el arte meramente militar. Si la perspectiva es
política se acentúa la complejidad del problema en sus factores esenciales
postulados en De la Guerra por
Clausewitz (2002:5-21), en nada diferentes de lo que tres siglos antes pensara
Maquiavelo:
Ø el
factor pasional,
Ø el
factor aleatorio y
Ø el
factor racional.
La
denominación de la guerra como un arte se conforma a la perspectiva meramente
militar, en la que el factor mayor es el aleatorio y el sujeto activo
descollante es el general en jefe; mientras que la perspectiva política eleva
de categoría a la guerra como objeto de una conjunción de habilidades y
conocimientos (ciencia política, matemáticas, economía, sociología, sicología,
historia, derecho, etc.) que pueden abarcarse como la Teoría de la Guerra, en
la que el factor mayor es el racional y el
sujeto activo descollante es el estadista.
El
factor pasional, cuyo sujeto descollante es el combatiente, también varía según
la perspectiva desde la que se decide la guerra. Si la perspectiva es meramente
militar el general en jefe puede determinar el empleo de cualquiera de los tres
tipos de combatiente señalados por Maquiavelo (Fuerzas Propias; Fuerzas
Auxiliares o Fuerzas Mercenarias; o sus posibles combinaciones), según su
disponibilidad; pero si la perspectiva es enteramente política el estadista
debe imponerle a su general en jefe el empleo de solo los tipos de fuerzas
idóneos para el objetivo político.
Lo
anterior encuentra explicaciones muy comprensibles en los caracteres
idiosincráticos de los distintos tipos humanos que pueden intervenir como
combatientes y en las motivaciones emocionales que impulsan a cada carácter
hacia el combate. Emociones como la enemistad o el odio, el resentimiento y la
envidia o la ambición, que tienen el poder de desatar la violencia entre los
humanos, determinan la voluntad, el vigor y la moral combativa. Los contextos
históricos en los que vivieron Maquiavelo y Clausewitz fueron escenarios de radicales
transformaciones científicas y tecnológicas en Europa, con efectos inmediatos
en la economía, en los paradigmas organizativos de la sociedad y en las
relaciones internas y externas de los distintos grupos humanos que circundaban
la cuenca del Mediterráneo y sus vecindades culturales. El modelo político que
luego de la desmembración sobrevenida a la caída de Roma había tomado lugar, en
cabeza de una aristocracia poblada de infinidad de señores feudales, evolucionando
desde distintos tipos de señoríos a principados y reinos, era el que hacía la
guerra conocida por Maquiavelo; y era el mismo modelo que ya comenzaba a hacer
agua a finales del siglo XVIII, en vida de Clausewitz, quien fue testigo de la
derrota del absolutismo en Francia y del nacimiento del nuevo modelo político,
establecido ya en España, Francia e Inglaterra. Con el estado-nación se hizo realidad
la noción del pueblo en armas, ejércitos formados por ciudadanos de la reciente
república francesa, automotivados por el patriótico afán de salir a destronar a
la nobleza en el resto de Europa; y por los súbditos de la monarquía
constitucional inglesa, empeñados en desplazar a España y Portugal del dominio
hegemónico de los mares; con lo que el factor emocional de la guerra
experimentaba una transformación gigantesca que le proporcionaba a Napoleón una
larga ventaja sobre sus adversarios continentales, que seguían todavía
empleando ejércitos constituidos mayoritariamente por siervos de la
aristocracia feudal y por mercenarios.
Es
largamente sabido que solo la motivación religiosa, ideológica o patriótica,
impulsan al soldado a encarar con indiferencia al peligro y a realizar todo el
esfuerzo físico que el combate le exija para imponer su bandera. Estas virtudes
las observó Clausewitz en las tropas de Napoleón que pulverizaron al ejército
prusiano en 1806; y fueron las mismas virtudes que observó en el pueblo español
que resistió a Napoleón contra la usurpación de Pepe Botellas. Estas virtudes
no las posee el soldado extranjero que lucha por una bandera ajena; y mucho
menos el soldado mercenario. Dice en el capítulo XII de El Príncipe, editado en
2011 por editorial Gredos, con estudio introductorio de Juan Manuel Forte Monge:
“La experiencia nos muestra a príncipes
solos y a repúblicas armadas llevar a cabo acciones notabilísimas y a las
tropas mercenarias nunca hacer otra cosa sino daño; y que más difícilmente cae
una república armada con sus propias armas bajo el dominio de uno de sus
ciudadanos, que otra armada con tropas ajenas.” (Maquiavelo. 2011:41).
Se
dice que tras su derrota en Waterloo, se
encontró al pie de la carroza de Napoleón un ejemplar de El Príncipe, glosado con notas y máximas de su propia cosecha que
sirvieron de sustancia para el libro Máximas
de Guerra de Napoleón; luego traducidas y comentadas por el general José
Antonio Páez en Nueva York en 1865; y editadas en Caracas por la Presidencia de
la República en 2005; en las que Bonaparte afirma lo siguiente:
“Debe llevarse muy en cuenta si el soldado
tiene conciencia de la justicia de la causa que defiende. Ello puede hacer de
cada hombre un héroe.
Cuando combaten dos naciones que se
tienen odio inveterado, mucho hay que esperar del espíritu de los combatientes
que estarán siempre dispuestos, los unos a vengar antiguos desastres los otros
a mostrarse dignos de la gloria que les legaron sus antepasados. La unión,
sobre todo, hace invencibles a los pueblos.” (Páez.
2005:164).
No
casualmente fue invencible Napoleón en todas sus campañas contra ejércitos
formados por mercenarios y condottieri;
ni casual fue tampoco el cambio de su suerte cuando a la resistencia armada del
pueblo español se sumó la voluntad de victoria de los ejércitos ingleses; todos
como ya hemos dicho, impulsados por la justicia de su causa y por el odio
contra la Francia agresora. Cinco coaliciones en contra del emperador habían
sido ineficaces; solo la sexta logró imponerse, gracias al empuje de la más
encendida pasión bélica que ponía en ebullición la sangre de los soldados del
estado nación líder de la coalición.
¿Puede
vencer un adversario carente de fuerzas propias?
¿Puede
con éxito tomar las armas un pueblo sin voluntad de lucha, sin conciencia de la
justicia y legitimidad de su causa?
¿Puede
esa voluntad de lucha ser provista por una fuerza mercenaria o por las fuerzas
de una potencia amiga?
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