martes, 19 de mayo de 2020

…De Pandemia.


SOBRE EL ARTE DE LA GUERRA Y EL SENTIDO COMÚN
EN TIEMPOS DE PANDEMIA
En la obra pensada y escrita para jóvenes estudiantes de educación media y principiantes universitarios argentinos, PARA ANIMARSE A LEER A MAQUIAVELO, (Castillo, Jose E. 2012), editado por Editorial Universitaria de Buenos Aires (www.eudeba.com.ar), de entrada el autor se pregunta:
 ¿Qué es un clásico?
y comienza a darse respuesta en los siguientes términos:
El sentido común que guía nuestra forma de pensar y la visión sobre el mundo que nos rodea se estructura a partir de ideas, imágenes y razonamientos condicionados por dos cuestiones: lo trascendente de las relaciones humanas (afectos, angustias, pasiones, sentimientos) y las circunstancias que el desarrollo social y tecnológico nos brindan.
Cada momento histórico genera su propio sentido común; la forma, sutil, en que hombres y mujeres pensamos la sociedad en que nos toca vivir y a nosotros mismos.
En ese devenir, las explicaciones mitológicas, religiosas y/o intelectuales son un auxilio individual y colectivo.
Un clásico es un pensador (un pensamiento o todo un sistema científico) que resiste el paso del tiempo y continúa vigente. Sigue siendo parte de la cosmovisión social porque está incorporado en forma imperceptible y porque ha planteado tanto dudas como incipientes respuestas orientadas de un modo tan profundo como íntimo.
Para digerir estas ideas seleccionemos algunos pensamientos claramente muy nutritivos:
1)  El sentido común que guía nuestra forma de pensar y la visión sobre el mundo que nos rodea…
Al iniciar con estas frases su razonamiento, el autor admite tácitamente que entre los recursos mediante los cuales nos relacionamos con el mundo que nos rodea se encuentra indudablemente el sentido común y que este recurso guía nuestra visión y forma de pensar. El autor identifica además los elementos que integran y condicionan la estructura del sentido común:
2) …se estructura a partir de ideas, imágenes y razonamientos condicionados por dos cuestiones: lo trascendente de las relaciones humanas (afectos, angustias, pasiones, sentimientos) y las circunstancias que el desarrollo social y tecnológico nos brindan.
Estas líneas ponen de relieve que las ideas, imágenes y razonamientos constitutivos de un pensamiento determinado fueron producidos en un ámbito relacional y trascendente entre humanos; y condicionados en su origen por el desarrollo social y tecnológico del tiempo en que tal pensamiento fue producido; asi como por el desarrollo social y tecnológico del tiempo en que el mismo pensamiento venga a ser consumido. Sintéticamente podemos concluir que si en la receta falta alguno de los componentes o de sus condicionantes, el sentido común deja de existir.
3)  Finalmente aquel pensador, pensamiento o sistema de ideas, que resiste el paso del tiempo y que en situaciones nuevas se mantiene tan vigente como lo fue en su nacimiento, es el que llamamos un clásico. No por otra razón, por ejemplo, MARTÍNEZ GUZMÁN, VICENT (2004): «Teorías de la guerra en el contexto político de comienzos del siglo XXI» afirmaba que
Además al hablar de razones no me quedo en la mera racionalidad opuesta a los sentimientos, sino que también incluyo en los análisis de las maneras de hacer las paces la expresión de los sentimientos. En cualquier caso, razones y sentimientos han de estar abiertos a la interpelación de la intersubjetividad y la interculturalidad.
…con lo que no hacía otra cosa que reafirmar la vigencia en el siglo XXI de la trascendencia de las relaciones humanas señaladas 500 años antes por Maquiavelo como uno de los condicionantes del sentido común.
¿Porqué Maquiavelo, tan bien entrado ya el siglo XXI?
¿Puede un pensamiento del siglo XVI ser sustancia del sentido común todavía quinientos años después?
Quizá sea porque Maquiavello, en el prólogo de su obra EL ARTE DE LA GUERRA (Ed. GREDOS. 2011), afirma categóricamente lo que (Castillo, José E. 2012) en su obra ya citada denomina como la siempre compleja y terrorífica relación entre guerra y política. Afirma Maquiavello, en contra de la opinión común en su época, que examinadas las instituciones antiguas, no se encontrarán cosas más unidas, más conformes y que se estimen tanto entre si como estas dos profesiones; refiriéndose al ejercicio profesional de la política y a la carrera de las armas. Es clave en esta afirmación el carácter profesional del ejercicio de ambas ocupaciones; excluyendo de su ejercicio el carácter de una mera afición. En efecto, dice Maquiavello:
Siempre que los hombres quieren hacer alguna cosa, deben prepararse hábilmente para que, llegada la ocasión, puedan realizarla: cuando las preparaciones se hacen cautamente, no se conocen, y a nadie se puede acusar de negligencia si no ha llegado la oportunidad de ejecutar la empresa; pero, al llegar, descúbrese en seguida si no están bien dispuestos
Pero es que ya ha sido largamente reconocida la complejidad del fenómeno bélico. No es solo un hecho político. Su naturaleza tiene componentes en los órdenes filosófico, jurídico, antropológico, sociológico, sicológico, religioso y económico. De manera tal que hoy dia el hecho bélico debe ser producto de complejos procesos decisorios; el sentido común del siglo XXI no puede justificar la toma de la decisión bélica en una sola cabeza o en un petit comité. Lo único que todavía permanece, y probablemente siempre lo hará, sobre una sola cabeza es la responsabilidad por los resultados del hecho decidido. Por lo tanto el tomador de decisiones debe rodearse de los mejores sujetos para elaborar la decisión y de los mejores para ejecutarla.
Mencionamos expresamente a Maquiavelo porque, habiendo encontrado abundantes semejanzas circunstanciales entre su tiempo y el nuestro, no podemos menospreciar la pertinencia de su pensamiento al señalar con indiscutible exactitud la filosofía de empleo de fuerzas armadas extranjeras o de fuerzas mercenarias (El Príncipe, cap. XII). En opiniones y comentarios que han abundado recientemente en las procelosas aguas del océano virtual, opinadores mal informados o mal interesados se dan golpes de pecho éticos al juzgar el reciente empleo de mercenarios en la guerra de exterminio a la que ha sido sometida la nación venezolana en las últimas dos décadas; comentarios y opiniones de enorme fuerza letal y que están dirigidos a lectores igualmente mal informados o mal interesados, ignorantes de que en la guerra la ética válida es la del vencedor. ¿Cuál es el defecto ético del soldado mercenario y de su empleo? Como alguien ha mencionado recientemente: ¿no fue el Precursor Francisco de Miranda un oficial mercenario en las guerras europeas cuando aquel continente transitaba entre los siglos XVIII y XIX?
La misma tacha ética se pretende imponer al empleo de fuerzas extranjeras, referidas por Maquiavelo como “tropas auxiliares”. ¿Acaso no intervinieron tropas españolas y francesas, en territorio estadounidense, en la guerra de independencia de EEUU? ¿No estuvo el mismísimo Generalísimo Francisco de Miranda, como comandante supremo de las operaciones contra España, considerando la factibilidad de solicitar en nuestro auxilio la intervención de tropas del Zar de Rusia? ¿No fue la Legión Británica una fuerza armada perteneciente a una potencia extranjera, actuando en auxilio de las fuerzas venezolanas en la guerra de independencia contra España?
En conclusión: definitivamente es de otra naturaleza, no ética, la censura que merece la reciente cómica de presuntas tropas en la operación “bahía de cochinitos”.
Nuestros jóvenes estudiantes de educación media y principiantes universitarios, entre quienes he escogido para liderizarlos a un inteligente cadete de primer año, hubieran razonado asi:
v Habiéndose perdido el elemento sorpresa desde la anterior cómica de las armas incautadas en Colombia, nuestro astuto cadetito habría cancelado el lanzamiento de la operación Gedeón.
v Alguien interesado habría comprado la cancelada operación Gedeón para degradarla a “operación bahía de cochinitos” y lanzarla en su provecho. Para saber quien fue basta identificar quien ha salido favorecido con sus resultados.
De todos modos todo lo anterior, aunque estuviera fundamentado en toda la teoría clásica del arte de la guerra, es y será siempre meras conjeturas; materia prima para la ciencia ficción y para la teoría de la conspiración; aunque no faltan numerosos conceptos que deberían ser parte de la cultura general de quien pretenda desempeñarse como estadista.
No sobraría que nuestros aspirantes (a estadistas) se hicieran impartir por lo menos un resumen de las ideas de Sun Tzu, Clausewitz, Castex, Mahan, Vittoria, Groscio, Hegel, Kant y tantos más (todos ellos clásicos; ninguno batequebrao).
Asi, salvo mejor opinión, pudiéramos esperar un competente sentido común en el desempeño profesional de nuestros líderes, para el ejercicio combinado de la guerra y la política.

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