viernes, 5 de junio de 2020

…De Pandemia.


EL ARTE DE LA GUERRA O EL ARTE DE LA PAZ (I)
En medio de tanta filosofía de empleo del pueblo en armas, de tropas pertenecientes a potencias extranjeras o de mercenarios, no sobraría por unos instantes abrir una ventana para asomarnos a un ámbito reflexivo más amplio:
Si el espectro filosófico fuera como un hilo que se extiende en línea recta, en su origen encontraríamos la tesis que postula a la guerra como un hecho de barbarie; y en el otro extremo encontraríamos la tesis que la postula como un hecho civilizado. Para llegar de un punto al otro tendríamos que transitar por un número infinito de posiciones intermedias. Si este hilo permaneciera en una sola dirección y sentido sería relativamente sencillo aprehenderlo y seguirlo, pero sucede que él es cambiante y caprichoso y permanentemente está adoptando formas voluntariosas. Los que se posicionan en el origen del espectro creen que la guerra es la liberación de la violencia irracional del hombre en estado de naturaleza, es decir: de barbarie. Quienes se posicionan en el otro extremo afirman que la guerra es la “continuación de la política por otros medios”. En algún momento (que no está exactamente determinado en la historia) la humanidad experimentó la necesidad ética de justificar su conducta guerrerista. En ese afán surgieron postulados religiosos, históricos, jurídicos e ideológicos; y allí es cuando el hilo comienza a retorcerse una y otra vez hasta formar una madeja inescrutable.
Se sabe que Clausewitz de hecho nunca escribió que la guerra fuera la continuación de la política por otros medios; y que tal idea ha sido producto de una traducción simplificadora de la oscura densidad sintáctica del alemán. Lo que está bastante claro es la conexión atribuída por él entre guerra y política, con el crédito de haber creado una teoría política de la guerra, manteniendo su desvelo intelectual en la restitución del honor nacional de Prusia. Carl Schmitt lo reconoce como pensador político (Revista de estudios políticos. Número 163. 1969:5-30).
Pero ¿cómo podría admitirse que la guerra sea la continuación de la política? Para que asi fuera es menester que la política sea primero. Sin embargo nadie duda que la guerra es el primer procedimiento de solución de conflictos al que la humanidad recurrió desde el primer dia hasta un tiempo muy recientemente. Por lo menos en Occidente tal como la conocemos hoy la política es una creación de la antigua Grecia y nació como el intento de organizar la convivencia y resolver sus conflictos inherentes. Hoy es fácil comprender que la guerra surge cuando fracasa o muere la política. Con esta idea no carece de sentido creer que es la política la que continúa a la guerra por otros medios; o que la política ha sido creada para sustituir a la guerra, no para continuarla. Los seguidores de la teoría de la guerra justa se han atrevido a justificar la guerra como una continuación de la justicia; y los postulantes de la guerra santa lo hacen “porque Dios lo quiere”.
Con todo parece inevitable caer en el eterno dilema infantil: ¿qué fue primero entre el huevo y la gallina?

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