LAS ARTES DEL PODER POR EL PODER (I)
Caudalosos ríos de tinta han discurrido en la conceptualización del
poder, de la política y de la guerra; y en la relación de los modos, tiempos y
causas en los que ellos se conjugan en la realidad histórica. Nosotros,
sobrevivientes en circunstancias aparentemente inéditas, ayunos de teoría
idónea y de experiencia a propósito, debemos seguir obligadamente sumergiéndonos
en esos torrentes de tinta, en pos de autores como Bobbio (1985:5), por ejemplo,
quien ha dejado escrito lo que sigue:
“A la pregunta de si no están cambiando «las connotaciones» y «las leyes del
movimiento» de la política, siento la tentación de responder, aun cuando sólo sea
como una especie de provocación: Nil
sub solé novi (nada nuevo bajo el sol). Y de repetir con Maquiavelo:
«Suelen decir los hombres prudentes, y no por casualidad ni inmerecidamente,
que quien desee ver lo que será debe considerar lo que ha sido; porque todas
las cosas del mundo en todos los tiempos tienen su propio cotejo con los
tiempos antiguos. Y eso nace de que al ser todas esas cosas hechas por los
hombres, que tienen y tuvieron siempre las mismas pasiones, es del todo
evidente que surtan el mismo efecto>>”.
Probablemente
las circunstancias subjetivas de hoy, bajo el supuesto de que no haya cambiado
sustancialmente la naturaleza del "Homo
homini lupus" (“el hombre es el lobo del hombre”), sigan siendo muy
semejantes a las que conoció Maquiavelo en el tránsito entre los siglos XV y
XVI y aun vivamos en una guerra de todos contra todos; pero en cuanto a las
circunstancias de hoy tiene sentido resistirnos a aceptar mansamente la
inmutabilidad objetiva de los ámbitos jurídico, político y sociológico. Está
claro que El Príncipe y El Arte de la Guerra constituyen una
formulación teórica prescriptiva de la conducta ideal para la conquista,
ejercicio y conservación del poder, propuesta por Maquiavelo a quienes tuvieran
entonces la ambición de crear y encabezar un nuevo estado, capaz de unificar
políticamente a toda la península italiana de su época. Él no describe, sino
que prescribe una realidad subjetiva ideal, entonces inexistente, formulada
para actuar sobre la realidad objetiva de entonces; realidad objetiva que hoy
ya no existe en Italia ni en ningún otro lugar conocido. En consecuencia, la
personalidad de poder prescrita por Maquiavelo debe ser hoy dia obligatoriamente
un anacronismo; pero es un anacronismo personificado en nuestro presente en un
territorio y en una población inexplicablemente dedicado al retroceso
histórico. Pero no es entender a Maquiavelo lo que nos interesa (sino a esa
personificación anacrónica que hoy nos paraliza) y estos encuentros para referirnos
a nuestra maquiavelina involución deben por necesidad ser breves y limitarse a
fugaces referencias que nos motiven a la reflexión. Dos citas adicionales son
sugeridas para ampliar la mirada.
Dice Deutsch citado por Bouza-Brey (Revista de Estudios Políticos Num.
73. 1991:121):
“…el poder se puede concebir como el instrumento por el cual se obtienen
todos los demás valores, de la misma manera en que una red se emplea para
atrapar peces. Para muchas personas, el poder es también un valor en sí mismo;
en realidad, para algunos es, a menudo, el premio principal. Dado que el poder
funciona a la vez como un medio y un fin, como red y como pez, constituye un
valor clave en la política”.
E insisto con Bobbio (1985:6):
“Según la lección de los clásicos, que se suele hacer empezar por comodidad
en Maquiavelo únicamente porque el pensamiento de Maquiavelo acompaña la formación
del estado moderno… la política es la esfera donde se desarrollan las
relaciones de dominio, entendido dicho dominio en su expresión más intensa, como el poder que puede
recurrir, para alcanzar sus propios fines, en última instancia, o extrema ratio, a la fuerza física.
Dicho de otra forma, el uso de la fuerza física, aun en última instancia, aun como
extrema ratio, es el carácter
específico del poder político…
… La expresión «monopolio de la fuerza», que se deriva de
una evidente y correcta analogía entre la eliminación del libre mercado y la
eliminación de la libre guerra…”




