…De Política.
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ESTADO-NACIÓN, TERRORISMO Y ESTADO GLOBAL:
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La primera edición en español de Diplomacia (Kissinger, 1996) establece de
entrada que “Ninguna sociedad ha
insistido con mayor firmeza en lo inadmisible de la intervención en los asuntos
internos de otros Estados, ni ha afirmado más apasionadamente que sus propios
valores tenían aplicación universal.”, refiriéndose a la ambivalente conducta de EUA en sus relaciones
internacionales. Estas ideas presentadas como un dilema, según el autor,
generaron dos corrientes de pensamiento acerca de la conducta que EUA debe
sostener con el resto del mundo. Una de ellas propone que en esa
materia EUA debe ser un faro guía universal, perfeccionando la
democracia dentro de sus fronteras; la otra corriente propone que EUA debe ser
un cruzado, imponiendo y defendiendo sus valores y principios en el mundo
entero. Pudiéramos nosotros realizar una simplificación práctica afirmando que
en la teoría del faro el sujeto sería el estado-nación, conducido por una ética
aislacionista; y que en la teoría del cruzado el sujeto sería el estado global,
liderizado sin ninguna duda por adivinen quién. Lo bueno es que ambas
corrientes sostienen que el orden internacional debe fundamentarse sobre la
democracia, el libre comercio y el derecho internacional.
Cuando los militantes del terrorismo mundial ponen una bomba en el
consulado estadounidense en Bengasi, el guante es recogido mayormente por los
cruzados, para quienes el derecho internacional constituye un freno de gran
potencia. Pero cuando en su adicción por la adrenalina caen en la sobredosis y
ponen un petardo en un basurero de Nueva York, en la provocación se suman los
de la primera corriente; para quienes el derecho internacional es un impulso
irrefrenable, que puede llevarlos hasta a demoler todo un territorio para sacar
al autor del atentado de no importa el hueco donde se oculte.
Ese ideal sistema construido sobre democracia, libre comercio y derecho
internacional, no existe; y su sola evocación es risible para quienes usan
pólvora en lugar de tinta en la expresión de sus ideas. Lo tristemente cierto
es que los lobos del terrorismo, solitarios o en manada, parecen olvidar el
pasado reciente e ignorar que se juegan la repetición y perpetuación del dolor.
Aunque EUA haya pendulado entre ambas corrientes en su conducta
internacional, es muy probable que los seguidores de la teoría del faro jamás
salgan de sus fronteras a respaldar a los seguidores de la teoría del cruzado;
pero es muy seguro que estos últimos si se sumen a los primeros cuando llegue
el momento de la acción.
Los cruzadistas ciertamente han logrado alguna preponderancia por el
camino más largo, el de los organismos multilaterales, primigenie del futuro
estado global; y no hay dudas de que hoy el mundo es mucho menos inseguro que
en 1962; pero la realidad está imponiendo a esos órganos multilaterales la
obligación de incrementar su velocidad de respuesta; y lo primero que deberían
intentar es incrementar la coercibilidad (si es que ya tiene alguna) del
derecho internacional. ¿Estarán enteradas las delegaciones en la Asamblea
General?


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