sábado, 24 de septiembre de 2016

…De Política.

ESTADO DE SITIO.


Hasta la mamadera de gallo de los humoristas ha mermado en esta vorágine de escasez que nos agobia. Así de seria se está tornando la situación en este bello país.
Merma la vaciladera y crece la nostalgia de algo vago, perdido en una brumosa memoria, que hoy a cada evento nos parece haber tenido, pero sin haberlo sabido.

Ya es tarde para lamentaciones; y la mudez nos embarga ante la premonitoria sentencia del eximio poeta: “no llores como hembra lo que no defendiste como hombre”. Es la política que nos ha sitiado ya del todo y nos está venciendo por hambre, tristeza y aburrimiento.
Un sitio virtual dedicado a combatir el terrorismo, según proclama en el logo de su título, expone como el asedio económico más prolongado de la historia al embargo impuesto por EUA en contra de los hermanitos Castro, citando al libro titulado Bloqueo (Andrés Zaldívar Diéguez, 2003), refiriéndolo como “acciones que desde 1959 comenzó a ejecutar aquel gobierno para asfixiar la economía cubana y llevar a la desesperación a su pueblo.” Es ciertamente relevante un ensañamiento tan encarnizado y prolongado; con todo lo cual la historia ha presenciado la inagotable capacidad de resistencia de un par de pobres octogenarios, cuyas voluntades aún no han podido ser doblegadas por el poder militar y económico más formidable de la historia.
Ese récord está siendo perseguido por otro asedio tan llamativo por lo extenso y más por lo complejo. Más llamativo porque el asedio no proviene de fuerzas externas. Un asedio que no está dirigido en contra de un gobierno sino en contra de un pueblo. Un asedio que no ha sido impuesto por un enemigo externo, sino por el enemigo interno: el propio gobierno.
De igual manera ese pueblo, después de largos años en estado de sitio, aún no ha sido vencido; aunque ya una apreciable porción de él esté de rodillas.
El asedio ha sido más complejo porque no ha sido solo económico; también ha sido político y jurídico. Todas las salidas han sido sitiadas.

Pero de estos eventos ya no se habla como antes; con alegría y elegancia; con sorna y con desparpajo; moviéndonos a risa en lugar de llanto; trabajo del que se encargaban nuestros humoristas. Entonces, si ya hasta el buen humor de nuestros buenos humoristas escasea, ¿cómo haremos para no llorar como hembras lo que no defendimos como hombres?

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