jueves, 29 de septiembre de 2016

…De Política.

EL VETO Y EL VOTO:
Las últimas incidencias políticas en el país del norte me han llevado a cancelar mis planes migratorios. Nunca me iría a vivir, aunque estuviera muy perseguido en el mío, a un país sin gobierno; o a un país donde hubiera tantos gobiernos que al final no hubiera ninguno.
¿Con cuál legitimidad se atreve un Congreso a anular el veto de un Presidente? Estuvieran en mi moderno país; y ya sabrían esos congresistas lo que es Ley y Orden.
Pero ¿qué espera el Presidente para ejercer el poder que el pueblo le confirió constitucionalmente? ¿Qué espera para interponer recurso de nulidad por ante la Corte Suprema? ¿Es que no existe independencia de poderes en ese país? ¿Es que los supremos jueces se dejarán soliviantar por el espurio poder de ese Congreso golpista? Sí, porque anular el poder de veto del Presidente equivale a un golpe. ¿O es que no existe en esa decadente nación un órgano electoral con las siglas bien puestas, para apretarles las tuercas y anularles la elección a unos cuantos congresistas?
Todos sabemos que en ese país los congresistas reciben biyuyos de los círculos de interés que los patrocinan; eso equivale a un delito electoral suficiente para suspender la proclamación de unos cuantos, en cantidad suficiente para borrar la mayoría en la bancada apátrida. Si acá lo hacemos con los diputados que compran votos; ¿porqué no hacerlo allá con los congresistas que los venden? Es lo mismo aunque sea a la inversa.
En conclusión: la independencia de poderes es sagrada; y nadie está legitimado para someter al Presidente. ¡Punto!



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