…De Política.
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EL VETO Y
EL VOTO:
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Las últimas incidencias políticas
en el país del norte me han llevado a cancelar mis planes migratorios. Nunca me
iría a vivir, aunque estuviera muy perseguido en el mío, a un país sin
gobierno; o a un país donde hubiera tantos gobiernos que al final no hubiera ninguno.
¿Con cuál legitimidad se atreve
un Congreso a anular el veto de un Presidente? Estuvieran en mi moderno país; y
ya sabrían esos congresistas lo que es Ley y Orden.
Pero ¿qué espera el Presidente
para ejercer el poder que el pueblo le confirió constitucionalmente? ¿Qué
espera para interponer recurso de nulidad por ante la Corte Suprema? ¿Es que no
existe independencia de poderes en ese país? ¿Es que los supremos jueces se
dejarán soliviantar por el espurio poder de ese Congreso golpista? Sí, porque
anular el poder de veto del Presidente equivale a un golpe. ¿O es que no existe
en esa decadente nación un órgano electoral con las siglas bien puestas, para
apretarles las tuercas y anularles la elección a unos cuantos congresistas?
Todos
sabemos que en ese país los congresistas reciben biyuyos de los círculos de
interés que los patrocinan; eso equivale a un delito electoral suficiente para
suspender la proclamación de unos cuantos, en cantidad suficiente para borrar
la mayoría en la bancada apátrida. Si acá lo hacemos con los diputados que
compran votos; ¿porqué no hacerlo allá con los congresistas que los venden? Es
lo mismo aunque sea a la inversa.
En conclusión: la independencia de poderes es
sagrada; y nadie está legitimado para someter al Presidente. ¡Punto!



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