…De Política.
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MICROECONOMISTAS:
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Es verdad (¿quién
podría negarlo en esta sociedad del conocimiento de la que hoy usufructuamos?)
que una empresa mercantil, por mucho ropaje de corporación que se ponga, es una
unidad microeconómica; y que el estado, por el contrario, es el gran monstruo
macroeconómico. No es sencillo cambiar de un modo al otro (digo: del modo micro
al macro) ni en el pensamiento ni en la acción. Una empresa, por muy grande que
sea, es una unidad microeconómica orientada por las comas y los céntimos. Su
ámbito de acción es el corto plazo; su éxito o su fracaso se escribe en el
balance anual de resultados. Por lo demás todos nosotros, debiendo sostener una
familia, somos microeconomistas natos. Al contrario, la gestión del estado es
esencialmente macroeconómica. Su plan de ruta más breve por lo menos es
quinquenal. Sus objetivos pueden abarcar toda una generación.
Más aun: si alguno de ustedes ha sabido que alguna vez la ética
macroeconómica haya sido practicada en la gestión de un negocio, por favor
refiéralo en un breve comentario, porque yo nunca lo he visto. Pero la ética
microeconómica (personal y egoísta) sí la he visto sobradamente aplicada en la
gestión pública.
Por esto es que dudo de los que dudan que Mr. Showman (mi maestro de
oratoria y lenguaje gestual me dice que a la gente se le debe poner en contexto de manera más clara,
nombrando al menos una vez quién es Mr. Showman; pero yo, no quiero decir que
sea cobarde pero tampoco puedo decir que soy valiente, no me expongo a una
réplica recordatoria por lo menos de mis muchos fracasos amorosos; y por solo
mirarlo sin nombrarlo, si alguno se pica puedo aclarar que todo parecido con
alguna realidad era pura fantasía) sea idóneo para conducir al estado más poderoso del
planeta.
La inteligencia del hombre de estado es múltiple y compleja; especialmente
su cociente de inteligencia emocional debe ser excepcional, por las múltiples
relaciones en las que deberá interactuar para resolver situaciones. Recuerdo, no
por inelegancia, a Mr. Nixon; a quien sus negocios en la Torre Watergate lo
obligaron a declarar su bancarrota personal; pero Mr. Showman jamás ha sido
obligado a semejante fracaso.
¿No sería curioso ver a un SHOWMAN-IN-CHIEF sentado sobre el ombligo del
mundo?



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